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Escritos Santacrucences

LA PAZ POSIBLE

La exacerbación de las ideas en nuestra sociedad las ha vuelto imposibles de lograr, como ocurre con la paz y el amor; para ello, se propone una deconstrucción social para entenderlas y lograrlas en alguna medida.

Toda nuestra concepción de la realidad se basa en lo que percibimos, en este sentido esta es meramente subjetiva, pero al organizarnos en sociedad tendemos generalizar nuestras ideas, le damos un significado y función específica a cada cosa, para crear un sistema eficiente al cual apegarnos, con reglas establecidas, un sistema idealista.

Colombia claramente desde su creación ha tenido ciertas dificultades para generar una idea de nación, no ha habido un ideal que nos represente a todos. Hemos estado en un ciclo continuo de guerra y “paz”, “amor” y odio, jugando con formas radicales de conceptos, lo cual ha llevado a la imposibilidad de una idea verdadera de ellos, ya que ¿cómo podemos pensar en algo que no hemos experimentado? Ya que nosotros no tenemos experiencia de algo, sino que hacemos la experiencia.
El sistema ha hecho imposible la noción de la paz o el amor, porque las ha idealizado a un plano intrínsecamente humano, de modo que se ha hecho imposible experimentarla, en un país envuelto de guerra y odio, solo se puede entender el amor o paz como imposibles.

¿Pero es posible tener una experiencia de lo imposible? Evidentemente no, una experiencia de lo imposible es una aporía, una ausencia de un único camino que desafía tanto nuestro sentido común, buscar el amor es buscar lo imposible, o sea hacer uso de la filosofía (algo contradictorio en un sistema tan rígido), entonces si bien no es posible experimentarlo una verdadera forma, sí es posible deconstruirlo para de esa manera entender nuestras formas de pensar y acercarse a la verdad.
Para deconstruir nuestros ideales sociales hay que diferenciar cualquier atisbo de radicalización de esos idealismos, como Nietzsche hace con la figura del “superhombre”. Es evidente que Colombia es un país con una notable presencia de violencia y división política y social, y varios ideales están basados en la contracara de ellos, nuestra noción de paz se basa principalmente en la ausencia de guerra, por ejemplo.

El amor está condicionado solo por lo que socialmente nos dicen que es, lo que un ciudadano ejemplar representaría, hay nociones concretas sobre él, normalmente como un interés que tiene que ser respondido por la otra parte. Por tanto, ¿y si dejamos de plantearnos lo imposible para hacerlo posible?
Daniel Eduardo Duarte Araque - 10°

DIARIO DE UN ALMA ERRANTE

No lo puedo creer. Un día abrí los ojos y al otro los aprendí a usar. Esta vez, la imbatible muerte me hizo cerrarlos. Tres días, un parpadeo, un fugaz aliento, y ya todo acabó. Yo siempre supe que la muerte iba a llegar, tarde o temprano. Lo que no pensé, o la reflexión que parcialmente desarrollé en cada día de aburrimiento, pero que nunca tuvo bases suficientes para convencerme, decía así: En el vivir, se desasocia la palabra tarde de su significado. Y, esperando el fin, o el nuevo inicio como algo tardío, solo se tardó un parpadeo.

Tan tardío como un instante y tan pronto como una vida entera. ¡Qué resignación la que siento! Tantas cosas que pude hacer, lo que pude recorrer, una vida desperdiciada por el deseo consumista y procastinador, el deseo de alguien que se dejó llevar por las tendencias contemporáneas y terminó siendo uno más en el bullicio de la vida. Me volví un fragmento desvanecido en el desierto del tiempo universal. Una mota que flota, casi invisible, sobre el pasado ya escrito.

Hoy veo mi cuerpo, y solo se reflejan recuerdos y experiencias que quisiera recomenzar. Miro fijamente con orgullo aquellos donde ayudé a alguien, con profundo asco los que muestran mi parte violenta y apática y con marcada indiferencia los que me veo como un adicto buscando una explosión de hormonas regocijadoras en el celular, más me arrepiento de ello. Sin embargo, tal como lo dijo Marco Aurelio y los estoicos después de él: “No te preocupes por lo que no puedes controlar”, y en mi impotencia ante la muerte, solo puedo aceptarla y resignarme a ella.

Entender que mi tiempo se acabó, que en nuestro sistema binario pase del 0 al 1, de la vida a la muerte, así como un contador de vidas, la mía ya culminó y suma un dígito más.

La única ansiosa pregunta que me ocupa la mente es: ¿A alguien le importé?, ¿Alguien me recordará?, ¿Tuve algún valor? Tal vez quede algo de mi forma pragmática de pensar a mis hermanos, el eco del recuerdo de un gran hijo para mis viejos, algún que otro buen consejo para mis amigos, Oh, ¡quién sabe amigos!, quede como alguien que derramó su amor en el corazón de mi novia.

Veo mi cadáver y pienso. Pienso si con él se quedó todo lo impuro y carnal, los deseos, las emociones, aquello que preocupa y anima al alma, inquietando su serenidad. Pienso en si lo que soy ahora (una silueta sin las restricciones de la vida) es mi verdadero yo. El que estaba destinado a mostrarse cuando la capa humana muriera. O, por otro lado, si José Alejandro Ceballos ya no existe. Si en verdad lo que era yo, lo que me representaba se quedó en ese cuerpo, y ahora solo soy la forma irreal e incorpórea de aquel muchacho que soñó con un final feliz.

José Alejandro Ceballos Echeverry - 10°

LA RULETA DE LA VIDA

Me pregunto si dependo completamente de él. Me controla, mientras siendo juguetón, observa mi locura al tratar de alcanzarlo. Se mueve, se desliza y baila con su egocentrismo absurdo. A veces lo odio, no lo comprendo y lo juzgo con gran apuro, pero me hace sufrir desgraciadamente. Nuestra relación es un deseo intermitente, con furia lo anhelo y con cariño lo dejo.

Sinceramente, es agotador que sea el centro de mi pequeño mundo, me ha robado tanto como de la misma manera me ha entregado todo. Conozco mis emociones y sé que, aunque frecuentemente lo desprecio, la verdad es mi mayor necesidad. Alejarme es imposible, pero sí podré ignorarlo por efímeros momentos. Cuando más lo necesito, no está. El infame me ha dejado heridas que me marcaron para siempre. Cicatrices que no se desprenden.
Y honestamente, lo amo y, de igual manera, lo odio tanto.
Laura Catalina Díaz Gutiérrez - 11°



PALABRAS MUERTAS

Palabras muertas salen de tus labios,
La nostalgia me invade en un profundo
silencio,
La última rosa que te di es la serendipia
de mi vida
Y tu último suspiro una gran Vorágine.
En las noches no duermo por este
sentimiento perenne,
Que inunda mis pensamientos,
Tus palabras fueron algo rocambolescas,
Pero siempre las repito en mis
nefelibatas.
Tu despedida, algo sempiterno,
Ese sentimiento que me invade por
completo,
¿Algún día te volveré a ver? No lo sé,
Pero tengo la esperanza que si eso
ocurriera
De tu labios no salgan palabras muertas.

Yisselt Valentina Melgarejo Camacho - 8°

ECO EN EL AMAZONAS

En el corazón del Amazonas colombiano, donde los árboles vivían en paz y los ríos sonaban bajo la luz del sol y la luna, había una granja en la que vivía un hombre de 67 años, llamado Moisés González, también tenía un nieto de 9 años llamado Luis González, ellos vivían en las cercanías de Leticia. Los dos eran campesinos y se ayudaban junto a los demás campesinos que venían para ganar algo de ingresos.
Un día común y corriente en su granja se escucharían algunos sonidos, Luis al escucharlos se acercaría a su abuelo y le diría:
- ¿Qué son esos sonidos abuelito?
En ese mismo instante Moisés responde:
- Esos sonidos son pájaros, pero no cualquier pájaro, estos utilizan su pico para talar arboles en manadas, como los pájaros carpinteros, pero también confunden nuestra piel con árboles así que es mejor escondernos en un lugar seguro junto a los demás.
Con eso bajarían a un refugio que solo era iluminado bajo una vela mientras ese sonido seguía escuchándose cada vez más fuerte. En eso Moisés levanta su mano y el dedo índice poniéndolo al frente de su boca diciendo en señal que todos hagan silencio, por un minuto no hubo ruidos, solo la naturaleza y el
viento por la zona. Segundos después la puerta es derribada levantando mucho polvo, los pájaros entraron y confundían personas con los objetos de madera. Luis salió corriendo entre la polvadera, dejando atrás a su abuelo, corrió velozmente y sin parar, aunque le pareció ver gente, pensó que era imposible, porque su abuelo le había dicho que eran pájaros y así lo siguió pensando diez años después, cuando estando en la ciudad, recordó a su abuelo y el último día que lo vio.
Juan Guillermo Castro Abril - 8°

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